Entre la ficción, la religión y la historia: El Evangelio según Jesucristo, de José Saramago

Cualquiera que fuese la obra literaria, libro de historia o de religión que se encargue de abordar, aunque sea, un fragmento de la vida de tal personaje quedaría siempre inconcluso, por el hecho de que la historia se escribe sobre las ficciones, y la religión también. ¿Y la literatura? Por supuesto, pero olvidamos que esta contiene en sí misma una palabra real, como las otras.

Ahora bien, sobre esta novela de Saramago —que obviamente debe haber sido criticada, estudiada, aceptada y censurada— no queda mucho por decir. No podemos exigirle que demuestre que lo que narra es verdadero, porque es ficción. El carácter ficcional (siempre abierto a la magia, lo sobrenatural y la especulación) tiene sus propias reglas.

Saramago ha rellenado esos espacios en blanco dejados por los textos evangélicos. Nombrarlo como uno de estos es parte de su estrategia: elevar al rango de ficción a los otros. No esperaríamos menos de un escritor: que sea consciente de que la historia y la religión se escriben sobre ficciones.

El carácter histórico de la novela no se contrapone al de una historia oficial (sea o no aceptada por el cristianismo). Antes bien, resulta hasta cierto punto convincente dado que se nos habla de una historia de los vencidos, es decir, narrada por aquel que, en realidad, no es el ganador; como en la mayoría de las historias: no hay mayor soledad que la del poderoso. Familiarizados estamos, ahora —o siempre—, a empatizar con ficciones o documentos similares, sino recordemos los testimonios sobre el terrorismo.

La cuestión religiosa, aquella que a veces nos queda un poco escabrosa, es tratada desde un punto de vista muy humano (como tal vez hubiera deseado un dios que se precia de serlo). Humano por las imperfecciones de los personajes (ni dios ni el diablo se salvan, como contagiados de la humanidad de Jesús) y por la explicación que se nos da sobre sucesos que, abordados desde otra óptica, nos resultarían inaccesibles. Pues bien, “la religión” está al alcance de nuestras manos.

Y lo ficcional, que sería el estatuto ontológico de la obra —no podemos negarlo—, derriba, como bola de bolinche, los estatutos ontológicos de las otras dos disciplinas en cuestión. ¡Pum! Dios es Saramago, Borges, Pessoa, Cervantes o cualquiera que escribe, porque nosotros somos dioses gracias a la escritura; y nuestro fuerte brazo, la imaginación.

Ese es el legado de Saramago; devolvernos, con una mirada socarrona y lúcida, el poder que a veces olvidamos que tenemos: escribirlo todo.

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Monólogo de Carla

La verdad, quisiera contar un recuerdo emotivo, como ustedes, algo, no sé, almacenado en mi memoria que sea digno de relatar, pero ahora no, no encuentro una página interesante; todo son hojas borrosas, maltratadas… ¿Qué qué estoy diciendo? [Mirando a ambos]. Disculpen, estoy algo nerviosa. ¿Ok? Mmm… Siento que no, que nada puede equiparar sus voces, pero yo empecé esto y voy a contribuir a lo que inicié.
Había… Había una historia que la hice mía con cada lectura, mostrándome una verdad tan cotidiana, evidente, que… por alguna razón no podía verla en su momento, pero mis ojos fueron abiertos ¡abiertos! Vivíamos en un mundo cruel, un mundo gobernado por el caos. Una rueda que siempre gira, eso es el caos, y… nosotros solo somos unas manos que impulsan su movimiento. Incluso el acto más justo alimenta el caos. Jah. Tercera ley del Newton. El caos nunca desaparece porque siempre estamos dándole vida. Todo es tan claro, tan… incluso la presencia de la injusticia es aleatoria, ¿Que qué quiere decir eso? [Levantando las manos]. Significa que no hay justicia, nunca la hubo, no la hay. Que inocentes puedan morir en un mundo así, ¿acaso no significa que no hay inocentes en realidad? De alguna forma, todos somos como culpables por creer que podríamos vivir pacíficamente en la Tierra… como en una aldea global hippie.
Aquello me hace recordar algo. Mi ex se llenaba la boca de palabras. “Traeremos la paz al país mejor que estos corruptos que tenemos. Nosotros no nos destruiremos como los coreanos. Vamos a hacer lo imposible para que no exista más caos en nuestra patria”, pregonaba en sus reuniones a la que obligadamente le acompañaba. Yo guardaba silencio entre tantos gritos en un rincón por ahí, pero todo estaba claro a mis ojos. Eran agentes del caos dentro de su verborrea pacifista. Después, la… conclusión lógica a toda búsqueda de paz: la lucha. El caos oficial triunfó ante el caos revolucionario. La famosa Masacre de los cuellos verdes del 37. Para el 47, celebraron una década de la masacre con sus famosos cuellos verdes, ¡qué original! Fue más pose que otra cosa. Cuesta llamar a las cosas por su nombre… Esperen, no crean que no quise explicarle lo que pensaba, pero, ¿creen que me escuchó? Cada persona cree que cada acción que hace es justificada o motivada por algo más. O sea, llegar a la meta es el mayor logro posible, aquello los hace sentir especiales, personas no ordinarias que pueden cumplir lo que desean. Eso es fácil porque todos pueden hacerlo. Jah. ¿Saben qué es realmente difícil? Reconocer que no se es especial, reconocer que no importa lo que hagas o cuánto sufras en intentarlo, no se podrá cambiar nada de lo que a uno le importa. La… sensación de luchar ya es un gran consuelo, por eso la mayoría no sabe qué hacer cuando se consigue el propósito y se visten del caos que juraron erradicar en un principio. Y vuelve a aparecer, siempre vuelve aparecer, aunque lo tratemos de ocultar. El caos siempre está ahí solo cambia de rostro una y otra y otra vez.
Shingeki no kyojyn me enseñó eso. Una… múltiple perspectiva de visiones morales e ideológicas donde todos de alguna forma tienen razón y están equivocados. Los instintos de paz y guerra deseando por todos los motivos alcanzar la libertad que en muchos casos es más un medio que un fin. La libertad es un globo que nunca se alcanza, siempre hay algo en medio interponiéndose, [pausa, se agarra la cabeza, gira su cuello] no espera, inter-poniéndose… por eso se justifica la lucha. En esa historia algo era seguro, ahhh… su final sería un bombardeo absoluto; sangre y muerte. Una escena devastadora que arrastraría cientos de vidas, como en la realidad misma. Por eso creo que todo lo que ha pasado es una consecuencia lógica de nuestros actos. Un cuento de horror como la historia de la humanidad no puede tener un final feliz y nosotros somos la… somos la última moraleja de esa historia. Es un justo pago para el mundo cruel que creamos, ¿no?

***

Voz: Ana Campoverde.

Il faudrait avoir mille vies par jour et les immoler journellement.

On donne tout pour ne rien avoir. Toujours a recommencer. C´este le prix de la vie merveilleuse. Mesonge de la raison, de l´expérince. Une vie n´explique rien. Tout est si loin, vient de si loin et s´en va si loin. L´apparence qui s´eloigne me tue.

César Moro

Sa-ti-yam

“En el principio existían las aguas. Las aguas produjeron la verdad, la verdad al Brahma, el Brahma a Prajāpati, Prajāpati a los dioses. Los dioses conocieron la verdad. Esto es un trisílabo: sa-ti-yam. Sa es una sílaba; ti es otra sílaba; yam es otra sílaba. En la primera y última sílaba está la verdad, en medio la mentira. La mentira está encerrada por ambos lados por la verdad y participa de la verdad. Al que sabe esto la mentira no perjudica”.